H. C.Lewis

La esencia de la Religion no es creer en la existencia de Dios o en el mas alla.

sábado, 28 de agosto de 2010

Ernest Holmes

¿QUIÉN ES ERNEST HOLMES?

ERNEST HOLMES (1887-1960)*

La filosofía de Ernest Holmes, que iba a convertirlo en la figura central de la naciente conciencia espiritual del Siglo XX, es una filosofía de éxitos, gozo y de unidad con la vida toda. Ernest Holmes fundó el movimiento internacional de la Ciencia Religiosa, escribió "La Ciencia de la Mente" y muchos otros libros de metafísica, y originó la publicación de la revista internacional "Ciencia de la Mente", la cual se mantiene en continua publicación desde 1927.
Las enseñanzas de la Ciencia de la Mente, de Holmes, que es reconocida hoy como uno de los principales puntos de vista de la metafísica moderna, es una filosofía espiritual que ha brindado a personas en el mundo entero una cosmología efectiva, un sentido de su relación con Dios y con su lugar en el Universo, además de un enfoque positivo y de apoyo para la vida cotidiana.

Ernest Holmes nació el 21 de enero de 1887, en una pequeña granja en Maine (Estados Unidos), siendo el menor de los nueve hijos del matrimonio formado por William y Anna Holmes. De padres devotos e inteligentes, los niños eran felices e ignorantes de su pobreza.

Una serie de desastres financieros forzaron a la familia a llevar una vida nómada por varios años. Con el transcurso del tiempo, la familia Holmes se estableció en Bethel, Maine, en donde Ernest recibió su única educación formal y encontró su primera iglesia. Allí a veces se predicaba el "fuego del infierno". Más tarde él diría: "Afortunadamente fui criado por una madre que se negaba a dejar que a su familia se le enseñara el miedo. Todos en la familia, inclusive Ernest, eran ávidos lectores. Hacía tantas preguntas que le llamaban "la eterna interrogación."

A los 17 años, Ernest era un estudiante de preparatoria, en la escuela de Bethel, pero pasaba la mayor parte del tiempo preguntándose: "¿Qué es Dios?", "¿Quién soy yo?", "¿Por qué estoy aquí?". Mentalmente, se enredaba con todos los predicadores locales y dudaba de las respuestas que recibía en la iglesia. A la edad de 18 años, dejó la escuela y la educación formal para siempre y se estableció en un curso de pensador independiente que duraría toda su vida. Fue a Boston, trabajó en una tienda de abarrotes y siguió sus estudios tenazmente. Un año más tarde, descubrió a Emerson. "Leer Emerson es para mí como tomar agua", dijo más tarde. Sus estudios metafísicos se intensificaron, su búsqueda de la Verdad lo condujo a la literatura, y a través de ella, al arte, a la ciencia, a la filosofía y a la religión.

En 1914, a la edad de 25 años, Ernest se mudó a Venice, en California, para estar cerca de su hermano Fenwicke, quien se desempeñaba allí como ministro de la Iglesia Congregacionalista. Mientras trabajaba en la Ciudad de Venice y proseguía sus estudios, descubrió los escritos de Thomas Troward, lo que alimentó la flama que Emerson había encendido antes. Casi informalmente, empezó a hablar sobre los escritos de Troward a pequeños pero crecientes grupos. Sin ceremonia alguna de por medio, su ministerio de toda la vida había empezado. Más tarde, al crecer las concurrencias a sus charlas, se ordenó como ministro de la Iglesia de la Ciencia Divina.

Ernest publicó su primer libro, "La Mente Creativa", en 1919. Continuó sus estudios y dio conferencias a crecientes multitudes en California y en las ciudades de la zona oriental de EE.UU. Mientras tanto, iba escribiendo "La Ciencia de la Mente", que se convertiría posteriormente en "el libro de texto" de la filosofía de la Ciencia Religiosa.

Publicado en 1926, el texto de "La Ciencia de la Mente" fue corregido en 1938. Actualmente, éste libro ya se encuentra en su edición 45, habiendo sido traducido al español, francés, alemán y japonés. Cuando el libro fue publicado, sus estudiantes más entusiastas le pidieron con urgencia que formara una organización. En un inicio, Holmes se rehusó ante tal petición, pero finalmente, accedió, creándose el Instituto de la Ciencia Religiosa y la Escuela de Filosofía, en 1927.

El año de 1927 fue notorio por otras razones. Enrest Holmes fundó la revista "La Ciencia de la Mente", que ha estado en publicación mensual continua desde esa fecha. También en ese año, se casó con su amada Hazel Foster, con quien compartiría su vida hasta la transición de su esposa, en 1957.

Ernest y Hazel fueron personajes activos en la naciente cultura de California del Sur, en la que destacaron estrellas de Hollywood, Norman Vincent Peale, Albert Eienstein y los muchos profesores universitarios que enseñaron en el Instituto. Ernest podía conversar con cualquiera, pero de lo que realmente quería hablar era de la Verdad. Su misión era saber, experimentar y vivir la Verdad. Esa era su vida.

Así pasaron años de gran actividad. El Instituto adquirió una hermosa propiedad en la Calle Sexta y New Hampshire, en donde actualmente se encuentra la oficina principal de la Iglesia Unida de la Ciencia Religiosa. En 1953, el Instituto se convirtió en la Iglesia de la Ciencia Religiosa. En 1967, adquirió su nombre actual, Iglesia Unida de la Ciencia Religiosa, con iglesias afiliadas en todo el mundo.

En 1957, Ernest perdió a su amada Hazel y la vida cambió para él. En 1959, con su hermano Fenwicke, completó su poema épico, "La Voz Celestial", quizá su más creativa expresión. En enero de 1960, presidió la dedicación de la hermosa "Founder's Church" ("Iglesia de los Fundadores"), adyacente al edificio de las oficinas principales. Tres meses más tarde, el 07 de abril, Ernest Homes hizo su transición. Unas semanas antes, habló de su visión de la Ciencia de la Mente: "El corazón humano, dijo, anhela el alimento espiritual tal como el hambriento anhela el pan. Anhela eso que lo hará completo. Creo que eso es lo que nuestra enseñanza puede hacer: revelar el Yo al yo propio".

(*) Condensado del folleto "La Senda del Descubrimiento", preparado por Scott Awbrey. Los Angeles: Iglesia Unida de la Ciencia Religiosa, 1987.

 

domingo, 22 de agosto de 2010

imnatismo

Innatismo

En sentido estricto, el

innatismo no es un sistema filosófico, sino una característica que

suele darse en los sistemas racionalistas y que viene exigida por la necesidad de encontrar

una fuente de conocimiento distinta a la experiencia, es decir, a la información que procede

de los sentidos. Si el conocimiento no se elabora a partir de los sentidos, entonces tiene que

venir de algún otro sitio. Y si es el entendimiento el que elabora el conocimiento, las ideas

más importantes tienen que ser innatas. Por ejemplo, la idea de infinito, la de substancia, la

idea de Dios o, en general, las ideas matemáticas.

Literalmente la noción de

innatismo indica que algún tipo de idea, conocimiento, o

contenido mental está presente en el momento en que un organismo nace, es decir, que no

es adquirido o aprendido por éste. En principio toda doctrina innatista acaba teniendo casi

siempre una vinculación con las doctrinas relacionadas con el racionalismo. Así, las teorías

innatistas están presentes en el padre de todos los racionalistas, Platón, y de los autores

modernos que se agrupan en torno al racionalismo de los siglos XVII y XVIII, como son

Descartes, Spinoza o Leibniz, entre otros. Lógicamente los filósofos que mantienen

posiciones empiristas, como son Aristóteles, Locke y David Hume, niegan la posibilidad de

ideas o contenidos mentales innatos, pudiendo resumir la postura de todos ellos en el

adagio tradicional

Nihil est in intellectu quod non prius fuerit in sensu (Nada hay en la

mente que previamente no estuviera en los sentidos).

jueves, 12 de agosto de 2010

El Poder de las ideas

Raymond Aron y el poder de las ideas

 

Roger Kimball

Es como escogemos entre el bien o el mal lo que determina nuestro carácter y no nuestra  opinión sobre el bien y el mal.

Aristóteles

El despotismo se ha establecido a nombre de la libertad con tanta frecuencia que la experiencia nos dice que debemos juzgar a las personas por lo que hacen  y no por lo que dicen.

Raymond Aron

La libertad de crítica en la URSS es total

Jean-Paul Sartre, 1954

El alarmante pensamiento de Santayana de que "los que no pueden recordar el pasado están condenados a repetirlo" tiene, por lo menos, tanta relevancia en el mundo de las ideas como en el mundo de la acción. Esta es una razón por la que releer es importante como leer. El tiempo tiene una forma de mellar el filo de la verdad, de silenciar su llamado a nuestra atención. La admonición que escuchamos ayer, la olvidamos hoy: ninguna emergencia ha intervenido para mantener frescas sus lecciones. La naturaleza humana es una constante. Las tentaciones y errores que encuentra no cambian. Pero debido a que las circunstancias siempre están cambiando, las verdades necesitan ser reafirmadas constantemente si van a mantener su fuerza. Re-leer es una de nuestras más ricas fuentes de reafirmación. Al volvernos a poner en contacto con lo una vez supimos, con lo que todavía recordamos a medias, re-leer pueden restaurar convicciones olvidadas y revitalizar conocimientos que han perdido vigencia. Re-leer nos recuerda que nada es más vital que redescubrir viejas verdades: al igual que con los amigos: el previo conocimiento profundiza la intimidad.

Los obstáculos para releer son muchos. La vagancia juega una parte, por supuesto, como simplemente estar demasiado ocupado, ese curioso prejuicio moderno que confunde el movimiento con el progreso. También está el prosaico asunto de la disponibilidad: cuántos trabajos importantes no quedan fuera de combate simplemente porque no están en existencia. Hay bibliotecas, sí, pero los libros que sólo están disponibles en bibliotecas generalmente juegan un papel menor en la conversación cultural contemporánea. Lo que nos lleva a la obra maestra de Aron: El Opio de los Intelectuales.

 Me imagino que casi todo el que lea estas palabras sabe algo de ese libro o, al menos, reconoce el título. Muchos lo habrán leído. Publicado por  primera vez en Francia en 1955, en el apogeo de la Guerra Fría, El Opio de los Intelectuales fue una inmediata sensación. También produjo algo semejante a una sensación en Estados Unidos, cuando se publicó una traducción al inglés en 1957. Escribiendo en The New York Times, el historiador Crane Brinton habló por muchos cuando dijo que el libro era "Una especie de comentario permanente sobre el mundo occidental de hoy''. El tema de Aron es el embrujamiento – el desorden moral e intelectual que provoca  adherirse a ciertas ideologías. ¿Por qué es, se preguntaba, que ciertos intelectuales son "implacables con los defectos de la democracia pero están dispuestos a tolerar los peores crímenes siempre que sea cometidos a nombre de las doctrinas correctas?" El título de Aron es una inversión de la frase de Marx de que la religión es "el opio de los pueblos." El cita a Simon Weil: "El marxismo es indudablemente una religión, en el más bajo sentido de la palabra… Se ha usado continuamente… como un opio para el pueblo." En realidad, y afortunadamente, Weil solo tenía razón a medias. El marxismo y sus variantes realmente nunca se convirtieron en el narcótico del pueblo. Pero ciertamente que fue – y en lo fundamental sigue siendo – la droga preferida de los intelectuales, el grupo que Aron analizó.

El Opio de los Intelectuales ha sido uno de los libros seminales del siglo XX, una contribución indispensable a la más paciente y menospreciada de las literaturas: la de la crítica intelectual. Inexplicablemente, el libro estuvo fuera de prensa durante muchos años. Fue, por consiguiente, una excelente noticia que Transaction Publishers hiciera una nueva edición de Opio en el 2001, especialmente puesto que la nueva edición tiene el adicional atractivo de una introducción por el filósofo político Havey C. Mansfield y, como apéndice, ""Fanatismo, Prudencia y Fe," la larga respuesta a sus críticos que Aron publicó en 1956. Como observa el profesor Mansfield, El Opio de los Intelectuales fue un un "documento orientador" de la Guerra Fría: un conflicto que se dirimió más con las palabras que con las armas aunque eso no significa que sea un libro fundamentalmente "sobre el pasado."  Las deformaciones que Aron analizó todavía están con nosotros, aunque los personajes que las representan hayan cambiado. Esto es una forma de decir que El Opio de los Intelectuales es un libro que nos ayuda tanto en su lectura como en su re-lectura.

Aron, que murió en 1983 frisando los 80 años, es un semi olvidado coloso de la vida intelectual del siglo XX. Parte filósofo, parte sociólogo, parte periodista, fue, sobre todo, un vocero de la más rara forma de idealismo: el idealismo del sentido común. Fue, como escribió Allan Bloom poco después de su muerte, "el hombre que durante cincuenta años… ha tenido razón en las alternativas políticas que teníamos por delante… Tuvo razón en lo que dijo sobre Hitler, tuvo razón en lo que dijo sobre Stalin y tuvo razón cuando dijo que nuestros regímenes occidentales, con todos sus defectos, eran la única esperanza de la humanidad." Fue, concluye Bloom, "el tipo de hombre necesario a la democracia pero casi imposible dentro de ella, alguien que simultáneamente educa al público y es verdaderamente sabio y culto." En el curso de su carrera, Aron ocupó varios cargos académicos importantes - en la Sorbona, en la Ecole Pratique des Hautes Etudes, en el College de France – pero nunca fue solo un académico. Escribió unos 40 libros, sobre historia, sobre la guerra, sobre las perspectivas culturales y políticas de Francia – y fue un infatigable comentarista político, unas tres décadas para Le Figaro y luego, al final de su vida, para L'Express. (También escribió para La France Libre durante la Guerra.)

Aunque cubierto de honores al final de su vida, Aron nunca disfrutó de la enorme celebridad de Maurice Merleau-Ponty y, especialmente de Sartre, sus compañeros de la Ecole Normale Supérieure. En parte, fue debido a su estilo intelectual, que carecía de pomposidad. Carecía también de apetito de celebridad, que es otra forma de decir que no colocaba la "brillantez" por sobre la verdad. Ciertamente no carecía de habilidad. En muchos sentidos, Aron fue el más completo de sus pares, tanto en amplitud como en solidez de conocimiento. Fue primer lugar en graduación de aquel famoso curso, y es un detalle interesante que Sartre le presentara humildemente una copia de El Ser y la Nada como "una introducción ontológica" a un libro anterior de Aron sobre la filosofía de la historia.

Desde los años 50 hasta principios de los 70, Aron fue regularmente calumniado por la izquierda radical, por sus antiguos amigos Sartre y Merleau-Ponty para empezar, pero también por muchos de sus epígonos y herederos intelectuales. En 1963, por ejemplo, Susan Sontag calificó a Aron como "un hombre enloquecido por la filosofía alemana y tardíamente convertido al empirismo anglosajón y al sentido común bajo el nombre de virtud "mediterránea". En realidad, sería difícil encontrar alguien tan conocedor y menos "enloquecido" por la filosofía alemana que Raymond Aron. Fue una inteligencia sobria y penetrante, suficientemente curioso como para acometer a Hegel y suficientemente robusto como para escapar indemne del encuentro.

El hecho de que Aron fuera odiado por la Izquierda no significa que fuera un partidario de la Derecha. Por el contrario, siempre, en alguna medida, se consideró como un hombre de la Izquierda, pero (en sus últimos años, al menos) era la Izquierda pre-marxista del alto liberalismo. (Bloom  subtituló acertadamente su ensayo sobre Aron: "El Ultimo de los Liberales.") La crítica de Aron de la Izquierda no era un repudio sino una extensión de su liberalismo. Como observara el sociólogo Edward Shils en unas afectuosas memorias sobre su amigo, Aron pasó de ser un abierto socialista en su juventud a convertirse en "el más persistente, el más severo y el más culto crítico del marxismo y del orden social socialista – o más precisamente comunista – del siglo XX.  (Shils, como Aron, fue uno del pequeño número de sociólogos que honró el nombre de su profesión.)

De nuevo, este desplazamiento no fue un repudio de ideales juveniles sino un maduro reconocimiento de que los ideales que merecen abrazarse son los que pueden realizarse sin destruir lo que se profesa defender.

En este sentido, Shils habló de "su crítica devoción a los ideales de la Ilustración." Los ideales eran su fe en el poder de la razón; su crítica residía en reconocer que el poder de la razón siempre es limitado. Si Aron fue un  hijo de la Ilustración – de su secularismo, de su humanismo, de su contraposición de la razón a la superstición – también siguió siendo un fiel nieto de la sociedad tradicional que muchos pensadores de la Ilustración despreciaban.

El pensamiento de la Ilustración tiende a ser superficial porque despliega toda su artillería crítica contra cualquier fe menos contra su propia ciega fe en el poder de la razón. Aron evitó esa debilidad de la Ilustración al someter sus ideales al mismo escrutinio que reservaba para sus adversarios. "Al defender La libertad de enseñanza religiosa, '' escribió, "el no creyente defiende su propia libertad." La generosidad de espíritu de Aron fue una función de su reconocimiento de que la realidad era compleja, el conocimiento limitado y la acción esencial. Aron, escribe Shils, "supo desde muy temprano la estéril vanidad de las denuncias morales y de juzgar cualquier situación según el estándar de la perfección." Y, como el mismo Aron escribió en Opio, "todo régimen conocido es torpe y culpable si uno lo compara con un ideal abstracto de igualdad o libertad."

El leitmotiv de la carrera de Aron fue la responsabilidad, No la quejumbrosa responsabilidad "ontológica" o metafísica a la que Sartre siempre se estaba refiriendo: la angustiada responsabilidad del para-si-mismo aplastado bajo el peso de una libertad absoluta. Aron se refería al ejercicio de esa virtud prosaica pero indispensable que es la prudencia. Aron comprendía que la sabiduría política descansaba en la capacidad de escoger el mejor curso de acción aún cuando el óptimo no estuviera disponible, como sucede siempre. "Nadie dice nunca la última palabra", insistía, "y no podemos juzgar a nuestros adversarios como si nuestra propia causa estuviera identificada con la verdad absoluta."

Merece la pena observar que "prosaico" y sus cognados eran los elogios favoritos de Aron mientras que acostumbraba usar "poesía" y sus cognados

peyorativamente. En sus Memorias (1983), Aron escribió que en El Opio de los Intelectuales había tratado de "bajar la poesía de la ideología al nivel de la prosa de la realidad." Lo que Aron llamaba el "Mito de la Revolución" (como el "Mito de la Izquierda" y el "Mito del Proletariado") resultaba tan seductor precisamente por su atractivo "poético: inducía la ilusión de que "todo es posible," de que todo – milenarias instituciones, la estructura de la sociedad, hasta la naturaleza humana misma – puede ser completamente transformado en el fiero crisol de la actividad revolucionaria. Combinar la doctrina de la inevitabilidad histórica – la monstruosa idea que Marx recogió de Hegel – con el Mito de la Revolución era una receta para la tiranía totalitaria. ¿Qué importa la liquidación de los kulaks frente al necesario despliegue de la Dialéctica? Como su contrapartida química, el primer efecto del opio de los intelectuales es una sensación de fantástica euforia. El embotamiento sólo se hace evidente después.

A diferencia del revolucionario, el reformista reconoce que el verdadero progreso es contingente, parcial e imperfecto. Es contingente porque depende de la iniciativa individual y puede echarse a perder; es parcial porque los ideales nunca se pueden conseguir todos al mismo tiempo sino sólo un vacilante paso tras otro; e imperfecto porque el recalcitrante carácter de la realidad – incluyendo la turbulenta realidad de la naturaleza humana – garantiza los errores, las frustraciones, las imperfecciones y la simple perversidad.

El ideal del reformista, observaba Aron, "es prosaico" mientras que el revolucionario es "poético." De la misma forma, uno es real  y el otro fantástico. En sus Memorias, Aron reconoció que "en realidad pienso que, al final, la organización de la vida social en este mundo tiende ser, bastante prosaica." Imperio del derecho, vitalidad económica, respeto por la tradición, libertad de palabra: la sociedad occidental ha creado su asombroso éxito con estos prosaicos elementos. (Uno recuerda la observación de Walter Bagehot de que "la esencia de la civilización... es  la grisura, el aburrimiento… una elaborada invención... para abolir las fieras pasiones". El tema de la política, observó Aristóteles, "Es la buena vida para el hombre." ¿Y qué constituye la buena vida? Astutamente, Aron nos recuerda que frecuentemente las más extravagantes respuestas a esta pregunta son las más malévolas. Lo prometen todo pero sólo suelen producir miseria y empobrecimiento. De aquí su rechazo del comunismo:

El comunismo es una versión degradada del mensaje occidental. Retiene su ambición de conquistar la naturaleza y mejorar el destino de los humildes pero sacrifica lo que fue y tiene que seguir siendo el corazón mismo de la aventura humana: la libertad de investigación, la libertad de controversia, la libertad de crítica, y el voto.

Estas libertades pueden parecer pedestres en comparación con la perspectiva de una sociedad sin clases en la que reine la libertad, y la desigualdad haya sido derrotada de una vez por todas. Pero semejante idea, observaba Aron, "no es más que un lindo dibujo en el cuaderno de colorear de un niño."

Decir que Aron sospechaba de lo poético no significa negar que su propia sobria visión de la realización humana no tuviera su propia poesía. Uno pudiera decir que Aron fue un poeta de la prosa. Otra forma de decirlo es que fue un campeón de lo real frente al embrujo de lo ideal. La perspectiva del ideal –es decir, de una total, completa - emancipación hipnotiza a los espíritus susceptibles porque "contiene en si misma la poesía de lo desconocido, de lo futuro, de lo absoluto." El problema es que la poesía de lo absoluto es una poesía inhumana. Como observó secamente Aron, en la vida real, la emancipación se vuelve "indistinguible de la omnipotencia del estado."

El problema no es "opción radical sino compromiso ambiguo."  Aron continuamente regresaba al hombre como es, no como pudiera imaginarse. Sí, algunos individuos son honorables y honestos. Pero, escribe Aron, "a riesgo de ser acusado de cinismo, rehusó creer que se pueda basar algún orden social en la virtud y el desinterés de los ciudadanos." Siguiendo a Adam Smith y otros liberales clásicos, buscaba en las imperfecciones del hombre los instrumentos para mitigar esas imperfecciones. A diferencia de los marxistas, los liberales clásicos consideran al hombre "como básicamente imperfecto y se resigna a un sistema donde el bien sea el resultado de innumerables acciones y nunca el objeto de una opción consciente. En última instancia, se suscribe al pesimismo que ve la política como el arte de crear las condiciones en las que los vicios del hombre contribuyen al bien del estado." Aron reconocía que ese prosaico modelo carecía de la grandeza de la utopía.

Indudablemente el libre juego de la iniciativa, la competencia entre compradores y vendedores, sería impensable si la naturaleza humana no hubiera sufrido por la Caída. El individuo daría lo mejor de sí en interés de los demás sin esperar recompense o  preocuparse por sus propios intereses.

  Pero ese "si" representa una promesa irredimible. La doble tarea de Aron fue recordarnos, primero, que no hay naturaleza humana perfecta y, segundo, sugerir, como lo hace el cristianismo ortodoxo, que lo que los profetas de lo absoluto lamentan como un desastre fue, en realidad, "una caída afortunada," una condición de nuestra humanidad. El utopista es optimista sobre el hombre, pesimista sobre los hombres y mujeres particulares. "Creo que conozco al Hombre'', escribía Rosseau tristemente, "pero en cuanto a los hombres, no los conozco."  El anti utópico es pesimista con el Hombre pero ese pesimismo lo hace optimista en relación con los hombres y mujeres concretos.

En su introducción a El Opio de los Intelectuales, Aron observaba que había dirigido sus argumentos "no tanto contra los comunistas, como contra los comunizantes," contra los compañeros de viaje para los que Occidente siempre están equivocados, contra los que creen que la gente puede dividirse en dos campos: uno que es la encarnación del Bien y otro que encarna el Mal, uno que pertenece al pasado y otro que pertenece al futuro, uno que representa la razón y otra que representa la superstición"

El marxismo es un elemento esencial del opio de los intelectuales porque su doctrina de la inevitabilidad histórica lo aísla de poder ser rectificado por algo tan trivial como la realidad de los hechos. Cuando Merlau-Ponty nos asegura que en el mundo moderno el proletariado es la única forma de "auténtica inter-subjetividad" o cuando escribe que el marxismo "no es una filosofía de la historia, es la filosofía de la historia, y rehusar aceptarlo es cancelar nuestra razón histórica," no hay argumento que pueda sacudirlo de su locura. Lo que necesita no es refutación sino desintoxicación.

Lo mismo sucede con Sartre, que fue campeón de regímenes totalitarios desde la URSS hasta Cuba pero que proclamaba un odio implacable a Estados Unidos y otras democracias liberales (Estados Unidos es un perro rabioso," dijo una vez; es "la cuna de un Nuevo Fascismo") El "radicalismo ético" de Sartre, escribió Aron, "combinado con su ignorancia de las estructuras sociales, lo predispone a la revolución verbal. El odio a la burguesía lo hace alérgico a las reformas prosaicas."

Al aislar a sus víctimas, el opio de los intelectuales los aísla al mismo tiempo de las contradicciones. Esto ha permitido algunos singulares híbridos intelectuales. Por ejemplo, las filosofías de Nietzsche y Marx son diametralmente opuestas; una celebra el genio solitario, la otra el colectivo, una busca una nueva aristocracia de Ubermenschen, la otra instituir una sociedad sin clases. Para cualquier persona no intoxicada, esas diferencias son esenciales; significan que las filosofías de Marx y Nietzsche son incompatibles. Pero para los intelectuales embriagados esas distinciones no cuentan. Como observa Aron, los descendientes de Marx y Nietzsche (y de Hegel y Freud) se encuentran por múltiples caminos. 

El existencialismo de Sartre, el nihilismo de Derrida o Foucault, tienen toda una similar incontinencia intelectual. Lo que los une no es una doctrina coherente sino un espíritu de oposición al orden establecido, "la enfermedad ocupacional", observa Aron, "de los intelectuales."

La enfermedad ocupacional está lejos de haber sido conquistada. Por el contrario, los comunizantes y compañeros de viaje que Aron criticaba siguen floreciendo. Consideren, para poner un solo ejemplo, la extática recepción que recibió un libro neo-marxista, "Empire," en el 2001. Empire es un libro de 500 páginas escrito conjuntamente por Michael Hardt, un profesor americano de literatura en la Universidad de Duke, y Antonio Negro, un filósofo italiano y antiguo miembro de las Brigadas Rojas, la siniestra organización terrorista. Según un destacado académico, Empire es "ni más ni menos que un reelaboración de El Manifiesto Comunista para nuestro tiempo." (Incidentalmente, esto está dicho como un elogio.) Según un escritor de The New York Times, el libro pudiera representar "La Próxima Gran Idea," el sucesor del estructuralismo o la desconstrucción en los salones de la academia literaria. Al modernizar el marxismo con ecologismo radical, los autores  de Empire saludan el crecimiento de una nueva militancia que "expresa la vida de la multitud" y resiste las depredaciones del "Empire," es decir, del capitalismo y de Estados Unidos. "Hoy,", no aseguran, "la militancia es una actividad positiva, constructiva e innovadora."  Y como ejemplo citan a los violentos protestantes que se tiran a las calles de Génova y Seattle para protestar contra la "globalización." ("Estos movimiento, "dicen llenos de entusiasmo," son lo que vinculan a Génova… más claramente con la apertura – mediante nuevos tipos de intercambio y nuevas ideas – de su pasado renacentista.") Como todos los marxistas, Hardt y Negri creen que la revolución que anuncian no es solo inevitable sino benéfica:

Esta es una revolución que ningún poder podrá controlar porque el biopoder y el comunismo, la cooperación y la revolución se mantienen unidos en amor, simplicidad y también inocencia. Esta es la irreprimible ligereza y alegría de ser comunista.

George Orwell observó que hay algunas ideas eran tan absurdas que solo un intelectual podía creer en ellas. "Empire" es un buen ejemplo: 500 páginas de charlatanería intelectual y veneno político.

El Opio de los Intelectuales proporciona una especie de vista aérea de la asombrosa credulidad que Orwell ridiculizaba, analizando sus aparentemente eternos atractivos, describiendo sus costos, hacienda el mapa de sus principales senderos y señalando algunas de sus vías de escape. Algunos lectores, como observaba Aron es "Fanatismo, Prudencia y Fe, '' criticaron el libro por ser "negativo, abundante en refutaciones pero sin suministrar nada constructivo." Una acusación especialmente frecuente era que el libro celebrara el "escepticismo." La última media oración del libro _ "recemos por el advenimiento de los escépticos – era habitualmente señalada como evidencia.

En realidad, como decía Aron, sus críticos lo habían malinterpretado. En primer lugar, al sacar su última frase de su contexto, invertían el significado de su conclusión. "El hombre que ha dejado de esperar cambios milagrosos tanto de la revolución como de un plan económico'', escribió Aron,

...No está obligado a resignarse a lo injustificable. Es porque le gustan los seres humanos individuales, porque participa en comunidades reales y respeta la verdad por lo que rehúsa entregar su alma a un ideal de humanidad abstracto, un partido tiránico y un absurdo escolasticismo… Si la tolerancia nace de la duda, enseñémosle a todo el mundo a dudar de todos los modelos y todas las utopías, a desafiar a todos los profetas de la redención y a todos los heraldos de la catástrofe.

...Si pueden abolir el fanatismo, recemos por el advenimiento de los escépticos."

El principal objetivo de las polémicas de Aron era el fanatismo. Pero también reconocía que la derrota del fanatismo frecuentemente llevaba a su opuesta enfermedad espiritual: la indiferencia. Ambos son expresiones del enemigo último: el nihilismo. El escepticismo, escribió Aron, es útil o dañino en dependencia de lo que más haya que temer en ese momento: el fanatismo o la apatía. La facultad que nos orienta de manera apropiada es la prudencia, "el dios (Aron cita a Burke) "de este mundo inferior."  En otras palabras, el escepticismo para Aron no es un fin sino un medio. "El escepticismo," escribió

Es, para la recuperación del adicto, una fase indispensable pero no una cura. El adicto solo está curado el día en que pueda ser capaz de una fe sin ilusiones. 

También merece la pena observar que el escepticismo que Aron defiende no es una actitud enteramente negativa. Como señalara T.S.Eliot en Notes Towards the Definition of Cultures (1948), el escepticismo no es necesariamente destructivo. Por el contrario, el escepticismo es, ante que nada,

El hábito de examinar las pruebas y la capacidad para demorar la decisión. El escepticismo es un rasgo altamente civilizado aunque, cuando se convierte  en…, puede ser la causa de la muerte de una civilización. Donde el escepticismo es fuerza, el p… es debilidad; porque tenemos que ser fuertes para diferir una decisión pero también ha que serlo para tomar una.

Aron hubiera estado de acuerdo con Eliot. Y hubiera podido señalar que los críticos que se quejaban de que no era suficientemente "constructivo" pasaban por alto los esfuerzos claramente positivos que tiene simplemente decir la verdad. Hegel fue sobre todo un pensador constructivo; también estaba profundamente confundido. Las demanda por un "programa constructivo", "resultados positivos,"etc., frecuentemente no son más que demandas por ilusiones y embrujos.

Al mismo tiempo, merece la pena subrayar que el centro de las críticas de Aron no estaba en "constructivo" sino en "programa."  Desconfiaba del impulso utópico no porque quisiera paralizar las reformas sino porque sabía que las promesas extravagantes generalmente decepcionan. Aron prefería las modestas satisfacciones de la realidad. Es por que celebraba las "modestas" ideas que subyacían en la sociedad americana:

La sociedad americana es un éxito empírico, no encarna una idea histórica. Las simples y modestas ideas que sigue cultivando han pasado de moda en el Viejo Mundo. Estados Unidos permanece optimista como lo era Europa en el siglo XVIII; cree en la posibilidad de mejorar la suerte del hombre; desconfía del poder que corrompe; sigue siendo básicamente hostil a la autoridad, a las pretensiones de los pocos de conocer todas las respuestas mejor que el hombre común. Allí no hay espacio para la Revolución o el Proletariado, sólo para la expansión económica, los sindicatos y la Constitución.

El ataque de Aron contra la intoxicación intelectual no puede identificarse con complacencia. Tampoco es sinónimo de una denuncia de los intelectuales. Aron no  era anti-intelectual ni menospreciaba las ideas. No podía ser simplemente porque él mismo era un intelectual. Comprendía claramente el inmenso poder, para bien y para mal, que pueden tener las ideas. "Los intelectuales sufren de su incapacidad para alterar el curso de los eventos, '' observaba. "Pero subestiman su influencia. A largo plazo, los políticos son los discípulos de los académicos y los escritores."

En un ensayo titulado "Utopismo, Antiguo y Moderno" (1973) Irving Kristol subrayaba este punto:

Durante dos siglos, la gente importante que administraba los asuntos de esta sociedad no podía creer en la importancia de las ideas, hasta que un día se quedó choqueada al descubrir que sus hijos, capturados y formados por ciertas ideas, se rebelaban contra su autoridad o se separaban de su compañía. La verdad es que las ideas son absolutamente importantes. Las macizas y aparentemente sólidas instituciones de cualquier sociedad – las instituciones económicas, las instituciones políticas, las instituciones religiosas – siempre están a la merced de las ideas en las cabezas de la gente que puebla esas instituciones. El poder de las ideas están tan inmenso que un pequeño cambio en el clima intelectual puede retorcerá una institución familiar– quizás lenta pero inexorablemente – hasta convertirla en algo irreconocible.

Formaba parte de los objetivos de Aron en El Opio de los Intelectuales alertarnos sobre la vedad que Kristol expresa con tanta elocuencia. Es triste reflexionar que, casi 40 años después, mucha gente importante de nuestra sociedad sigue descartando las ideas como juegos intelectuales carentes de  mayor importancia.

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Tomado del primer capítulo del libro "Lives of the Mind, the use and abuse of intelligence from Hegel to Wodehouse," de Roger Kimball.

Traducido por AR

martes, 27 de julio de 2010

Dolores Franco

D O L O R E S     F R A N C O     D E     M A R Í A S

1912-1977

IN MEMORIAM

 

En Madrid, en la madrugada del 24 de diciembre pasado, falleció la esposa de nuestro entrañable y admirado amigo Julián Marías. Desde el verano de 1946, el matrimonio Marías-Franco no faltó a la cita de Soria. No venían a descansar; no tenían vacaciones pagadas. Venían a tonificarse, a que jugaran con libertad sus hijos; a reconocer la Soria que conocían por los poetas; venían a seguir trabajando para vivir; era el tributo que tenían que pagar por su inquebrantable voluntad de independencia intelectual y moral. Tan a gusto se sintieron al comprobar que "Soria es una escuela admirable de humanismo, de democracia y de dignidad" -en expresión de Antonio Machado- que en lo hondo de sus almas se sintieron sorianos de adopción. Y Soria -la "Soria pura"- les acogió con íntima complacencia. Muchas eran las dotes de Lolita Marías: su encantadora naturalidad, su clara visión de las cosas, su talento. Pero, si quisiéramos subrayar la que en ella fue esencial, señalaríamos su radical condición maternal: hija mayor, con siete hermanos varones y una hermana, fue la incansable "madrecita" de sus hermanos. En su regazo hubo siempre un niño -el que más la necesitara, sin descuidar a los otros- y un libro de texto. En esas condiciones cursó con eficiencia y brillantez su bachillerato y su carrera universitaria, que terminó con premio extraordinario de Letras.

Durante la guerra civil, pasó por dos amargas pruebas: la muerte de un hermano y la desaparición de otro. Sin mirar los peligros de la búsqueda y acompañada por su condiscípulo Julián Marías, no cesaron la macabra tarea hasta comprobar el crimen. Terminada la guerra, desde el 15 de mayo al 7 de agosto de 1939, no faltó un solo día en la cárcel de Santa Engracia, para confortar a su prometido Julián Marías. Tampoco tuvo en cuenta los peligros.

A comienzos de 1965, Julián Marías escribió un Prólogo a la traducción inglesa de su "Historia de la Filosofía". Es una pieza de antología, de enorme valor biográfico. (Tomo sólo unos párrafos). "Vuelvo los ojos sobre este libro de título genérico, "Historia de la filosofía", a los veinticuatro años de haberlo terminado de escribir, ahora que va a aparecer, vertido al inglés, en Nueva York, como se mira a un hijo ya crecido que va a emprender un largo viaje. Es el primero de mis libros; ha sido tambien el de mejor fortuna editorial: desde que se publicó por primera vez en Madrid, en enero de 1941, ha tenido diecinueve ediciones españolas" [Hoy son treinta y cuatro]. "Para explicar esto hay que recordar lo que podríamos llamar las raíces "personales" que lo hicieron posible. En aquella facultad admirable... no había ningún curso general de Historia de la Filosofía. Y había que pasar un exámen -se llamaba entonces "examen intermedio"- común a todos los estudiantes. No hay que decir que este examen preocupaba a todos. Un grupo de muchachas estudiantes, de dieciocho a veinte años, compañeras mías, amigas muy próximas, me pidieron que les ayudase a preparar ese exámen. Era en octubre de 1933; tenía yo diecinueve años y estaba en el tercero de mis estudios universitarios. Se organizó un curso privadísimo, en alguna de las aulas de la Residencia de Señoritas, que dirigía María de Maeztu. Las muchachas tuvieron considerable éxito en los exámenes, con no poca sorpresa de los profesores; al año siguiente, algunas más, que tenían pendiente el mismo examen, me pideron que volviera a organizar el curso: las más interesadas eran, sin embargo, las que ya lo habían aprobado. Al año siguiente, durante el curso 1935-36, María de Maeztu me encargó formalmente un curso de filosofía para las residentes.

"Aquellos cursos de filosofía eran únicos en muchos sentidos, pero sobre todo en uno: mis estudiantes eran mis compañeras de Universidad, mis amigas, muchas de mi edad; esto quiere decir que no me tenían respeto. Esta experiencia de lo que podríamos llamar "docencia irrespetuosa" no ha tenido precio para mí. Estas chicas no aceptaban nada "in verba magistri"; el argumento de autoridad no existía para ellas... Me pedían que lo aclarara todo, lo justificara todo... Nunca he tenido que esforzarme tanto, ni con tanto fruto, como ante aquel auditorío de catorce o dieciséis muchachas florecientes, risueñas; a veces burlonas, de mente tan fresca como la piel, aficionadas a discutir, con afán de ver claro, inexorables. Nadie, ni siquiera mis maestros, me han enseñado tanta filosofía. En rigor, debería compartir con ellas los derechos de autor...

"A decir verdad, los comparto con una de ellas. Una de las muchachas que habían seguido mis cursos, que desde dos años después fue mi mujer, me animó a escribir una Historia de la Filosofía; cuando le hice ver las enormes dificultades de la empresa, me ofreció una considerable pila de cuadernos: eran sus apuntes, admirables, claros, fidelísimos apuntes de mis cursos informales. Sobre ellos me puse a trabajar: fueron el primer borrador de este libro. El desánimo me invadió al cabo de un tiempo; me rehíce, volví al trabajo... El 17 de enero de 1941 dediqué su primer ejemplar a aquella muchacha cuyo nombre era Lolita Franco y que pocos meses después había de llevar el mío...".

La dedicatoría decía: Para tí, Lolita. Dos años después, también le dedicó su libro "Miguel de Unamuno": Uxori dilectissimae, y diecisiete años más tarde -y diecinueve de matrimonio- le dedicaría " Ortega. I. Circunstancia y Vocación": A Lolita, que está en todas las páginas. Tres dedicatorias que jalonan la senda de un común destino, cumplido con todo amor.

En "Reglas y consejos sobre investigación científica", dirige Cajal su atención a la elección de mujer por parte del científico. Establece cuatro tipos de muchachas: la intelectual (especie, dice, muy rara en España), la heredera rica, la artista y la hacendosa. Cajal rechazaba los tipos segundo y tercero, y a falta del primero -el ideal-, aconsejaba al cuarto: la hacendosa.

Desde que el libro se escribió, 1897, la situación de una parte considerable de jóvenes españolas había cambiado. Ya había la intelectual, que Cajal echaba de menos: "colaboradora en las empresas científicas del esposo; mujer semejante, inteligente y ecuánime, rebosante de optimismo y fortaleza... Ella triunfa en el hogar y en el corazón del sabio, ciñendo la triple corona de esposa amante, de confidente íntima y de asidua colaboradora".

Lolita Marías ha sido un ejemplo vivo.

En el dintel de la puerta de una casa de Salduero -donde estuvo la primera Escuela de este fino pueblo soriano- puede leerse esta curiosa leyenda: "La sabiduría edificó para sí casa y para todos puso la mesa".

Cuando Jose Antonio Pérez-Rioja, con tenaz esfuerzo e ilusión consiguió que Soria tuviera una "Casa de Cultura", modelo en su género, quiso dar la mayor amplitud a la mesa de la cultura: ¿Y si organizáramos unos cursos para extranjeros? La respuesta fue pronta y entusiasta. Julián Marías concibió unos Cursos de Estudios Hispánicos, en los cuales las enseñanzas estuvieran respaldadas por la realidad en que iban a vivir los estudiantes.

A partir de 1972, se celebraron seis Cursos de verano. Dos centenares de alumnos -en su mayoría, alumnas- de Europa, de EE.UU, de Méjico, junto a algunas españolas, han vivido Soria, y la recuerdan con sincero cariño.

¿Qué parte pudo corresponder a Lolita Marías, el que los Cursos tuvieran fisonomía y espíritu propios? Su participación fue esencial. Sus clases eran modelo de claridad. Al mismo tiempo, era ejemplar compañera del alumnado, asistiendo a las clases de los demás profesores, aclarando luego conceptos no entendidos y ofreciendo sus perfectos cuadernos de apuntes. Enseñar y aprender fueron siempre su gozo y su ilusión. Y ayudar y orientar, su constante voluntad.

Tras su irreparable pérdida, el Centro de Estudios Sorianos ha creído que es un deber moral el aplazar el Curso del año actual, como público testimonio de duelo. También Soria lo expresó de modo inequívoco. Cuando los espíritus recobren la serenidad, será el momento de reanudarlos.

Que Dios conceda a Julián Marías la fortaleza de alma necesaria para proseguir la labor de toda su vida, alentada y querida por Ella.

Descanse en paz la fraternal y entrañable amiga.

 

Heliodoro Carpintero


Julian Marias


Julián Marías

 

Julián Marías Aguilera (Valladolid, 17 de junio de 1914 - Madrid, 15 de diciembre de 2005), doctor en Filosofía por la Universidad de Madrid, fue uno de los discípulos más destacados de Ortega y Gasset, maestro y amigo con quien fundó en 1948 el Instituto de Humanidades (Madrid).

Sobresaliente ensayista y distinguido filósofo, Julián Marías no enseñó en la Universidad española franquista por discrepancias ideológicas, pero fue conferenciante en numerosos países de Europa y América y profesor en varias universidades de Estados Unidos. Su presencia en el mundo intelectual español ha sido constante: colaborador de relevantes periódicos, fue miembro de la Real Academia desde 1964 y senador por designación real entre 1977 y 1979. Presidió la Fundación de Estudios Sociológicos (FUNDES) [1] desde su creación en 1979 hasta que falleció. En 1996 se le concedió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, compartido con Indro Montanelli.

[] Biografía

Nació en Valladolid el 17 de junio de 1914. En 1919 se traslada con su familia a Madrid y estudia en el Colegio Hispano. Obtiene el título de Bachiller, en Ciencias y en Letras, en 1931 en el Instituto Cardenal Cisneros.

Con gran esmero cursó entre los años 1931 a 1936 (periodo de la República) la licenciatura en Filosofía en la Universidad de Madrid, fue discípulo de Ortega y Gasset, Xavier Zubiri, José Gaos, Manuel García Morente, etc. También empezó la carrera de Química, pero la dejó al comprobar que su verdadera vocación era la Filosofía. En los cinco años de carrera se va a cimentar su formación y lo que luego será su vida profesional y personal. Compañera suya de estudios fue Dolores Franco, que desde 1941 sería su mujer.

Lector insaciable, va formando una biblioteca que le permitiría, con apenas 26 años escribir una "Historia de la Filosofía" citando textos originales que tomaba de entre sus libros. Aprende griego por indicación de Zubiri, y leyendo la primera edición de "Sein und Zeit" de Heidegger en 1934 perfecciona el alemán que había aprendido en las clases de bachiller con Manuel Manzanares. Sus primera publicación de cierta entidad es su participación en el libro "Juventud en el mundo antiguo", editado en 1934 (recogía textos de Marías, Carlos Alonso del Real y Manuel Granell) narrando el crucero universitario que en 1933 realizaron estos estudiantes por el mar Mediterráneo, y en el que también participaron Salvador Espriu, Enrique Lafuente Ferrari, Luis Díez del Corral, Antonio Rodríguez Huéscar, etc.). Asimismo, en 1934 publica una traducción de Auguste Comte, por encargo de Ortega y Gasset.

Marías obtiene la licenciatura en junio de 1936. Un mes después empieza la Guerra Civil Española. Marías se alistó en las filas republicanas, pero por su miopía no marcha al frente, quedando en el servicio de traducción dado sus conocimientos de francés, alemán e inglés, entre otros. Durante la guerra participa en revistas como Hora de España. Tras el desastre del Ebro y la rápida ocupación de Cataluña, Marías apoyará la constitución del Consejo Nacional de Defensa propugnado por quien fue maestro en su Facultad Julián Besteiro, José Miaja, Cipriano Mera y Segismundo Casado en las páginas del ABC republicano, mediante editoriales que aparecieron sin firma. En sus memorias, Marías reproduce el último de esos artículos "La Grandeza del Consejo Nacional de Defensa" y proporciona un testimonio muy interesante acerca de los últimos días de guerra en Madrid. Luis Español destacó la veracidad de ese testimonio, y publicó algunos de los referidos editoriales. Tras la muerte de Marías, su discípulo Helio Carpintero publicó la integridad de los editoriales de Marías.

Acabada la guerra fue denunciado por uno de sus mejores amigos, Carlos Alonso del Real. Dicha denuncia fue apoyada por un profesor de arqueología, Julio Martínez Santa-Olalla, y contó con el testimonio del novelista Darío Fernández Flórez. Marías pasó unos meses en la cárcel y pudo ser fusilado. Le ayudaron a salir libre, entre otros, Salvador Lisarrague, Camilo José Cela, Manuel Mindán Manero y la familia de Ortega. Eso sí, se encontró con el veto y la hostilidad de un régimen que le cerró todas las puertas: no pudo obtener el doctorado hasta 1951, pues su tesis sobre el padre Gratry, presentada en 1942, fue suspendida en un episodio de escandaloso sectarismo; no pudo acceder a la docencia universitaria, pese a una vocación fuertemente arraigada en su persona, y cuando los vientos fueron menos tempestuosos y le ofrecieron integrarse en la Universidad denegó el ofrecimiento por negarse a jurar los Principios Fundamentales del Movimiento (que debían jurar todos los funcionarios y profesores, también aquellos que luego abjurarían sonadamente del franquismo). Por último, no pudo publicar en prensa hasta entrados los años cincuenta. En ese ambiente hubo de ganarse la vida traduciendo libros (de Hazard, Leibniz, Séneca, Dilthey, Bühler, etc.), dando clases en una academia (Aula Nueva) creada con un grupo de amigos, y luego, mediante conferencias y charlas, en España y fuera de ella.

En 1941 se casa con Dolores Franco Manera (1912-1977), profesora y escritora, quien en el periodo del previo a la guerra había sido compañera de carrera y con quien tuvo cinco hijos: Julián (1945-1949); Miguel (1947), economista y crítico de cine; Fernando (1949), cuya pasión por el arte lo llevaría a ocupar una cátedra universitaria en Historia del Arte; Javier (1951), renombrado escritor; y Álvaro (1953), músico. En ese mismo año publica su primer libro, la "Historia de la Filosofía" (prologado por Zubiri, y en ediciones posteriores con epílogo póstumo de Ortega), un repaso extenso, ameno y sucinto de la materia desde sus orígenes hasta ese momento que, dada su claridad expositiva, se convertirá en manual de éxito entre estudiantes hispanos y, a raíz de su traducción al inglés, también entre los del ámbito anglosajón. En esta temprana obra ya están presentes algunas de las claves del estilo característico de Marías: claridad y transparencia en la exposición, rigor en las fuentes, y explicación desde la filosofía de la razón vital, que comparte con su maestro Ortega.

A este libro seguirán más de setenta: Marías, que no pudo cumplir su vocación de maestro en España, se volcó en la escritura para suplir esta carencia y para, además, evitar caer en lo que sus dos maestros principales, Ortega y Gasset y Unamuno, habían incurrido: dejar proyectos inacabados, libros anunciados pero no escritos.

En 1948, junto con Ortega y Gasset, funda el "Instituto de Humanidades de Madrid", de corta pero fecunda vida. Bastante tiempo después, crea el Seminario de Humanidades, por el que pasaron grandes nombres de la intelectualidad española del último tercio del siglo XX, como Miguel Artola, Carmen Martín Gaite, Helio Carpintero, Gonzalo Anes, etc.

Entre sus discípulos está el filósofo chileno-español Francisco Soler Grima (Málaga, España:1924 - Viña del Mar, Chile:1982), quien le dedicó su libro Hacia Ortega I. El mito del origen del hombre, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1965.

Desde 1964 fue miembro de la Real Academia Española de la Lengua, ocupando el sillón "S". También fue senador por designación real entre 1977 y 1979. En 1982 pasó a formar parte del "Consejo Internacional Pontificio para la Cultura", creado por Juan Pablo II. En 1996 recibió el Premio Príncipe de Asturias de Comunicación y Humanidades, junto al periodista e historiador italiano Indro Montanelli, y en 2002 el XVI Premio Internacional Menéndez Pelayo.

Falleció en Madrid el 15 de diciembre de 2005, a la edad de 91 años, dejando tras de sí una vastísima y variada obra, sumamente leída.

[Obras

  • Juventud en el mundo antiguo. Crucero universitario por el Mediterráneo, Espasa Calpe, Madrid, 1934, 309 págs. (junto con Manuel Granell y Carlos Alonso del Real.)
  • Historia de la filosofía, con un prólogo de Xavier Zubiri, epílogo (publicado póstumamente) de José Ortega y Gasset, Revista de Occidente, Madrid 1941, 413 págs. (28ª ed. en 1976). Última edición: Alianza Editorial, 2008.
  • La filosofía del Padre Gratry. La restauración de la Metafísica en el problema de Dios y de la persona, Escorial, Madrid 1941, 278 págs.
  • Miguel de Unamuno, Espasa-Calpe, Madrid, 1943, 220 págs.
  • El tema del hombre, Revista de Occidente, Madrid, 1943, 378 págs.
  • San Anselmo y el insensato y otros estudios de filosofía, Revista de Occidente, Madrid, 1944, 272 págs.
  • Introducción a la filosofía, Revista de Occidente, Madrid, 1947.
  • La filosofía española actual. Unamuno, Ortega, Morente, Zubiri, Espasa Calpe, Madrid, 1948, 147 págs.
  • El método histórico de las generaciones, Revista de Occidente, Madrid, 1949, 192 págs.
  • Ortega y tres antípodas. Un ejemplo de intriga intelectual, Revista de Occidente, Buenos Aires, 1950, 220 págs.
  • Biografía de la Filosofía, Emecé, Buenos Aires, 1954, 270 págs.
  • Ensayos de teoría, Barna, Barcelona, 1954, 307 págs.
  • Idea de la Metafísica, Columba, Buenos Aires, 1954, 68 págs.
  • Aquí y ahora, Revista de Occidente, Madrid, 1954.
  • Ensayos de convivencia, Revista de Occidente, Madrid, 1955.
  • La estructura social. Teoría y método, Sociedad de Estudios y Publicaciones, Madrid, 1955, 308 págs.
  • Filosofía actual y existencialismo en España, Revista de Occidente, Madrid, 1955, 376 págs.
  • Los Estados Unidos en escorzo, Revista de Occidente, Madrid, 1956.
  • El oficio del pensamiento, Biblioteca Nueva, Madrid, 1958, 281 págs.
  • La Escuela de Madrid. Estudios de filosofía española, Emecé, Buenos Aires, 1959, 362 págs.
  • Ortega. I. Circunstancia y vocación, Revista de Occidente, Madrid, 1960, 569 págs.
  • Los españoles, Revista de Occidente, Madrid. 1962, 258 págs.
  • La España posible en tiempo de Carlos III, Sociedad de Estudios y Publicaciones, Madrid, 1963, 232 págs.
  • El tiempo que ni vuelve ni tropieza, Edhasa, Barcelona, 1964, 236 págs.
  • Análisis de los Estados Unidos, Guadarrama, Madrid, 1968, 218 págs.
  • Antropología metafísica. La estructura empírica de la vida humana, Revista de Occidente, Madrid, 1970, 318 págs.
  • Obras, Revista de Occidente / Alianza Editorial, Madrid 1958-1970, 10 vols.
  • Visto y no visto. Crónicas de cine, Guadarrama, Madrid, 1970, 2 vols.
  • Imagen de la India e Israel: una resurrección, Revista de Occidente, Madrid, 1973, 149 págs.
  • La Justicia social y otras justicias,Ed. Seminarios y Ediciones. 1974
  • Problemas del cristianismo, BAC, Madrid, 1979, 138 págs.
  • La mujer en el siglo XX, Alianza, Madrid, 1980, 236 págs.
  • Ortega. II. Las trayectorias, Alianza, Madrid, 1983. 507 páginas.
  • Breve tratado de la ilusión, Alianza, Madrid, 1984.
  • España inteligible. Razón histórica de las Españas, Alianza, Madrid, 1985, 424 págs.
  • La mujer y su sombra, Alianza, Madrid, 1986, 216 págs.
  • Ser español, Planeta, Barcelona, 1987. 315 páginas.
  • Una vida presente. Memorias, Alianza, Madrid, 1988-1989, 3 vols.: I (1914-1951), II (1951-1975), III (1975-1989).
  • La felicidad humana, Alianza, Madrid 1989, 386 págs.
  • Generaciones y constelaciones, Alianza, Madrid, 1989, 284 págs.
  • Cervantes, clave española, Alianza, Madrid, 1990, 286 págs.
  • Acerca de Ortega, Espasa Calpe, Madrid, 1991, 276 págs.
  • La educación sentimental, Alianza, Madrid, 1992, 228 págs.
  • Razón de la filosofía, Alianza, Madrid, 1993, 294 págs.
  • Mapa del mundo personal, Alianza, Madrid 1993.
  • El cine de Julián Marías. Escritos sobre cine, compilación de Fernando Alonso, Royal Books, Barcelona, 1994, 2 vols.
  • Tratado de lo mejor. La moral y las formas de la vida, Alianza Editorial, Madrid, 1995.
  • Persona, Alianza, Madrid, 1996.
  • España ante la historia y ante sí misma (1898-1936), Espasa Calpe, Madrid 1996.
  • Sobre el cristianismo, Planeta Testimonio, Barcelona, 1997, 284 págs.
  • El curso del tiempo, Tomos I y II, Alianza, 1998. Tomo I: 508 páginas. Tomo II: 599 páginas.
  • Tratado sobre la convivencia, Martínez Roca, Barcelona 2000.
  • Entre dos siglos, Alianza, Madrid, 2002. Páginas: 635.
  • La fuerza de la razón, Alianza Editorial, Madrid 2005.
  • Una vida presente. Memorias. Páginas de espuma, Madrid, 2008.


Obras de Julián Marías traducidas a otros idiomas distintos del castellano:

Inglés:

  • Reason and life. The introduction to philosophy, New Haven, Yale University Press; London, Hollis & Carter, 1956, 413 p. Trad. Kenneth S. Reid; Edward Sarmiento. 2 ed.: Westport, Conn., Greenwood Press, 1975.
  • History of philosophy, New York, Dover Publication, 1967, 505 p. Trad. Stanley Appelbaum; Clarence C. Strowbridge.
  • José Ortega y Gasset, circumstance and vocation, Norman, University of Oklahoma Press, 1970, 479 p. Trad. Frances M. López-Morillas.
  • Generations. A historical method, University of Alabama Press, 1970, 220 p. Trad. Harold C. Raley.
  • Metaphysical anthropology. The empirical structure of human life, University Park, Pennsylvania State University Press, 1971, 273 p. Trad. Frances M. López-Morillas.
  • America in the fifties and sixties. Julian Marias on the United States, London, Pennsylvania State University Press, 1972, 444 p. Trad. Blanch de Puy; Harold C. Raley.
  • A biography of philosophy, University of Alabama Press, 1984, 255 p. Trad. Harold C. Raley.
  • The structure of society, University of Alabama Press, 1987, 224 p. Trad. Harold C. Raley.
  • Understanding Spain, Ann Arbor, University of Michigan Press; San Juan, Editorial de la Universidad de Puerto Rico, 1990, 452 p. Trad. Frances M. López-Morillas.
  • The Christian perspective, Houston, Halcyon Press, 2000, 133 p.

Italiano:

  • Costellazioni e generazioni, Palermo, Palumbo, 1983, 282 p. Trad. Giacinto Lentini
  • La felicita umana. Un impossibile necessario, Cinisello Balsamo, Edizioni paoline, 1990, 423 p. Trad. Grazia e Luigi Ferrero.
  • Piccolo trattato del bene e del meglio. La morale e le forme della vita, Cinisello Balsamo, San Paolo, 1999, 150 p. Trad. Mirella Magnatti Fasiolo.
  • Sul cristianesimo, Milano, Mursia, 2001, 195 p. Trad. Juan Pablo Gomez Carriquiri.
  • Ragione e vita. Un'introduzione alla filosofia, Roma, Universita della Santa Croce, 2004, 527 p. Trad. Francesco De Nigris.

Portugués:

  • Introdução à filosofia contemporânea, Coimbra, Coimbra Editora, 1943, 104 p. Trad. Sílvio Lima.
  • A estrutura social. Teoria e método, São Paulo, Livr. Duas Cidades, 196?, 294 p. Trad. de Diva R. de Toledo Piza.
  • Biografia da filosofia e ideia da metafisica, São Paulo, Livr. Duas Cidades, 1966, 278 p. Trad. de Diva R. de Toledo Piza.
  • Literatura e gerações, São Paulo, Livr. Duas Cidades, 1977, 179 p. Trad. Diva Ribeiro de Toledo Piza.
  • Um mundo novo - os Estados Unidos, Rio de Janeiro, Ed. Presença, 1984, 276 p. Trad. Diva Ribeiro de Toledo Piza.
  • A perspectiva cristã, São Paulo, Martins Fontes, 2000, 131 p. Trad. Diva Ribeiro de Toledo Piza

Alemán:

  • José Ortega y Gasset und die Idee der lebendigen Vernunft; eine Einführung in seine Philosophie, Stuttgart, Deutsche Verlags-Anstalt, 1952. Trad. Aurelio Fuentes Rojo; Anneliese Weigel.
  • Einführung in die Philosophie, Meisenheim am Glan, Hain, 1965, 402 p.

Francés:

  • Philosophes espagnols de notre temps*, Paris, Aubier-Ed. Montaigne, 1954, 210 p. Trad. P.-X. Despilho.
  • Idée de la métaphysique, Toulouse, Association des publications de la Faculté des lettres et sciences humaines de Toulouse, 1969, 46 p. Trad. Alain Guy.

Rumano:

  • Spania în fata istoriei si a ei însesi (1898-1936), Iasi, Editura Universitatii "Alexandru Ioan Cuza", 2003, 133 p. Trad. Dana Diaconu.
  • Perspectiva crestina, Bucuresti, Anastasia, 2003, 163 p. Trad. Mihai Cantuniari.

Japonés:

  • Ragan no supein. Moeagaru shi no kaiken, Tōkyō, Ronsōsha, 1992. Trad. Ryūsei Nishizawa; Atsushi Takeda.

[] Pensamiento

Como miembro de la Escuela de Madrid (término que contribuyó a asentar) desarrolló muchos de los temas iniciados o insinuados por Ortega y Gasset en sus escritos o conferencias. En la obra Introducción a la Filosofía (1947) presenta y desarrolla de forma sistemática los temas capitales filosóficos a la luz de la filosofía de la razón vital. Entiende que la "introducción a la Filosofía" tiene como misión "el descubrimiento y la constitución, en nuestra circunstancia concreta, del ámbito de filosofar (concreto también) exigido por esta.

"En su esquema, la filosofía aparece como un hacer humano y un ingrediente de nuestra vida. Filosofía es un saber a qué atenerse respecto a la situación real. Sólo de este modo podrá ser la filosofía un hacer radical: "la filosofía tiene la exigencia de justificarse a sí misma, de no apoyarse en ninguna otra certidumbre, sino, por el contrario dar razón a la realidad misma, por debajo de sus interpretaciones y, por tanto, también de las presuntas certidumbres que encuentro." La filosofía es un saber radical y a la vez sistemático y circunstancial, derivado de la radicalidad, sistematicidad y circunstancialidad de la vida humana.

Entre las contribuciones filosóficas de Marías destacan:

  • La estructura empírica de la vida humana. Entre la teoría analítica de la vida humana y la narración concreta biográfica de ella hay un campo intermedio compuesto por los elementos que no constituyen requisitos a priori de la vida, pero que pertenecen de hecho a las vidas concretas.
  • Su idea de la metafísica. Partiendo de ésta como ciencia de la realidad radical, Marías sostiene que el hombre no es la realidad radical, sino "una realidad radicada que descubro en mi vida, como las demás". La realidad radical es más bien la vida, que debe entenderse como un área en la cual se constituyen las realidades como tales. De ahí que su teoría de la vida humana no sea una preparación para la meta física, sino la metafísica.

[] Traducciones

  • Sobre la felicidad. Lucio Anneo Séneca (1943). Prólogo, traducción y notas de Julián Marías.
  • Introducción a las ciencias del espíritu. Wilhelm Dilthey. Prólogo de José Ortega y Gasset y traducción de Julián Marías.
  • Política. Aristóteles (1ª ed.:1951); edición bilingüe y traducción por Julián Marías y María Araujo; introducción y notas de Julián Marías.
  • Ética a Nicómaco. Aristóteles (1ª ed.:1959); edición bilingüe y traducción por Julián Marías y María Araujo; introducción y notas de Julián Marías.
  • Teoría de las concepciones del mundo. Wilhelm Dilthey. Traducción e introducción: Julián Marías.
  • Discurso sobre el espíritu positivo. Auguste Comte (1ª ed.: 1934. Ed. Revista de Occidente. 1980: Alianza Ed.). Traducción y prólogo: Julián Marías.
  • Discurso de metafísica. Gottfried Wilhelm Leibniz. Traducción: Julián Marías.

[Galardones

[] Bibliografía

  • José Ferrater Mora. Diccionario de filosofía.
  • Juan Soler Planas. El pensamiento de Julián Marías. (Revista de Occidente, 1973)
  • Harold Raley y prólogo de José Luis Pinillos. La visión responsable. (Editorial Espasa-Calpe, 1977) ISBN 978-84-239-2026-6
  • Antón Donoso. Ortega y Marías: sobre la filosofía de la enseñanza superior 1930-1980 (artículo publicado en la revista Cuenta y razón del pensamiento actual, Nº 11, 1983)
  • Antón Donoso. Julián Marías on life and culture in the U.S.A. (Homenaje a Julián Marías, 1984)
  • Alain Guy. Histoire de la philosophie espagnole, Toulouse, Université de Toulouse le Mirail, 1983. Traducida al español como Historia de la filosofía española, Barcelona, Anthropos, 1985 -reimpresa en 2000-, pp. 302-307.
  • Antón Donoso. Julián Marías como discípulo de Unamuno. (artículo publicado en la revista Cuenta y razón del pensamiento actual, Nº 22, 1986)
  • Clara Z. Hernández-Castro. Las ideas literarias de Julián Marías, una relación estrecha con su filosofía. (UMI, Ann Arbor, 1991)
  • Domingo Henares. Hombre y sociedad en Julián Marías. (Ed. Dykinson, 1991)
  • Francisco Soler Grima: La Filosofía de Julián Marías; en Revista de Filosofía, Vol. 39-40, Santiago de Chile,1992; pp. 155-170.
  • Jorge Acevedo Guerra: Hombre y Mundo, Editorial Universitaria, Santiago de Chile, 1992. Cap. IV
  • Harold Raley. Julián Marías: Una filosofía desde dentro. (Alianza Editorial, 1997) ISBN 978-84-206-2866-0
  • VV.AA. Un siglo de España: Homenaje a Julián Marías. (Alianza Editorial, 2002)
  • Javier Pérez Duarte. Claves del pensamiento político de Julián Marías. (Universidad de Deusto, 2003)
  • Homenaje a la antigüedad académica celebrado el 16 de diciembre de 2004 en honor del Excmo. Sr. D. Julián Marías Aguilera, académico de las reales academias Española y de Bellas Artes de San Fernando, Madrid, Instituto de España, 2004, 18 p.
  • Luis Español Bouché, Madrid 1939: del golpe de Casado al final de la Guerra Civil, Madrid, Almena, 2004 ISBN 978-84-9617-008-X
  • Helio Carpintero. Una voz de la "Tercera España". Julián Marías, 1939, Biblioteca Nueva, 2007. ISBN 978-84-9742-644-2
  • Emilio Ruiz y otros: Soria en Julián Marías, Soria, Centro de Estudios Sorianos, Diputación Provincial de Soria, 2007, 221 p. ISBN: 8496695131
  • Juan Padilla, Ortega y Gasset en continuidad: sobre la escuela de Madrid, Madrid, Biblioteca Nueva, Fundación José Ortega y Gasset, 2007, 201 p. ISBN: 9788497427005
  • Helio Carpintero. Julián Marías. Una vida en la verdad, Biblioteca Nueva, 2008, 278 p. ISBN: 9788497428187
  • José María Atencia Páez (coord.): Julián Marías, una filosofía en libertad, Málaga, Universidad de Málaga, 2008, 315 p. ISBN: 9788497472289
  • Julián Marías: Una vida presente. Memorias, 2ª ed. revisada, Madrid, Páginas de Espuma, 2008, 922 p. + 32 p. de lám. ISBN: 9788483930038
  • José Luis Cañas; Juan Manuel Burgos (2009). El vuelo del alción. El pensamiento de Julián Marías, Páginas de espuma. ISBN 978-84-8393-026-7.
  • Rafael Hidalgo Navarro, Julián Marías y la muerte, lulu.com, 2009, 330 p.
  • Antonio Pérez Quintana y Luis Miguel Pino Campos (Cordinadores) Una vida presente: estudios sobre Julián Marías: Universidad de La Laguna, 8-10 de noviembre de 2006, La Laguna, Servicio de Publicaciones de la Universidad de La Laguna, 2009, 165 p. ISBN: 978-84-7756-803-2

[Notas

  1. REAL DECRETO 1401/2001, de 7 de diciembre, por el que se concede la Medalla al Mérito en el Trabajo, en su categoría de Oro, a don Julián Marías Aguilera.
  2. Real Decreto 836/2006, de 30 de junio, por el que se concede la Medalla al Mérito en las Bellas Artes, en su categoría de oro

[Enlaces externos

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